EL COLOQUIO

HABLAR CON EL SEÑOR

El “Coloquio”

 “No se trata de vivir toda la oración en forma de expresión verbal: dejo que la Palabra me hable, resuene en mí; pero de vez en cuando o al final, me dirijo a Dios mismo. No es lo propio de Dios el darnos su Palabra?”

[54] El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; quándo pidiendo alguna gracia, quándo culpándose por algún mal hecho, quándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Pater noster. (EE: de San Ignacio)

MODO DE PROCEDER

images (7)Es una simple conversación, íntima y respetuosa con el Señor. Al final de la oración le contamos lo que sentimos en el Corazón, el fruto de la oración, una petición, un pensamiento, un descubrimiento, , un “gracias” , una preocupación, una luz recibida, una alegría, un deseo.

Todo lo anterior lo experimentamos al final de la oración, después de haber dado tiempo para que la palabra de Dios nos toque. Nuestro coloquio es una respuesta, un eco, el fruto de lo que nos ha impactado.

images (8)Me dirijo al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a la Virgen o algún santo por quien sienta devoción, o a un personaje determinado de la escena contemplada (Pedro, Juan Bautista, Santiago y Juan, el leproso …).

Le hablo “como un amigo habla a otro o un siervo a su señor”, o un hijo, una hija a su padre, a su madre…una criatura a su creador, a su salvador; según la actitud interior que tengo ganas de expresar ahora.

Que la expresión sea sencilla, cordial, al mismo tiempo que respetuosa. Se trata de hablar con verdad, aunque sólo diga una palabra.

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Al final de la oración, se puede rezar una oración vocal: por ejemplo, el Padre Nuestro o el Alma de Cristo o Dios te salve María u otra oración que me permita hacer un saludo final al Señor, en Iglesia. 

INTERÉS Y SENTIDO DEL COLOQUIO

El coloquio ayuda a crecer en la relación personal, verdadera y humilde con el Señor.

Es aceptar  que Dios haga de nosotros hijos, amigos, …con los que entabla una relación.

Es responder a la Palabra y dejar que esta se encarne expresándose en palabra o en silencio…

Es dar prioridad a la relación misma por encima de lo que haya recibo o no. Es Amar.

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No hablar nunca con el Señor sería hacer de Él una no-persona, una abstracción, una especie de ser invisible. Sería hacer de Dios un simple distribuidor de dones, olvidándonos de mirar, al retirarnos, al bienhechor mismo. Es darnos cuenta de que el Señor contemplado en la Escritura está aquí, conmigo ahora.

Lo que puedo o no puedo expresar a Dios, pone más en evidencia lo que deseo y lo que todavía no llego a vivir. Es, por lo tanto, un caminar adelante. Puedo comparar lo que digo a Dios en el Coloquio con lo que le decía en la petición de gracia al principio: ha cambiado, se ha transformado, confirmado algo?  Es posible que el Señor haya escuchado la petición de gracia formulada al principio.

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¡ATENCIÓN!

 No se trata de vivir toda la oración en forma de expresión verbal: dejo que la Palabra me hable, resuene en mí; pero de vez en cuando o al final, me dirijo a Dios mismo. No es lo propio de Dios el darnos su Palabra?

Fuente: Betty Oudot Progressio

 

 

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