LA CONSOLACIÓN: Discernimiento

LA CONSOLACIÓN

IMG_20170714_200155.jpgEs lo opuesto a la desolación. Se expresa como (sinónimos): confianza, visita de Dios, edificación, bendición, encuentro con Dios, devoción, sentimiento espiritual, alegría interior, gozo, gusto por las cosas espirituales, perseverancia, amor sentido, reciedumbre y constancia, ardor, fuerza, reposo, magnanimidad en las dificultades, “leticia” interna, contento, dulzura, deseo de crecer en la vida espiritual y apostólica, toque de Dios, buen propósito, humildad amorosa….Unas veces es abundante y otras escasa: muy consolado, con grande consuelo, fuerte impulso espiritual… Crece o disminuye.

Distinguimos dos formas básicamente: intensa o crecida y ordinaria o estable.

Intensa [316] leer

Es el polo opuesto de la oscuridad (desolación) y de la moción a cosas bajas.  Puede ir acompañada de ilustraciones o inspiraciones. Por lo general, conocimiento y gusto van juntos.  Puede producir lágrimas: de contrición, de amor al Señor en su pasión, de devoción intensa. Ojo que no provienen de la amargura del corazón.

Ordinaria [316] leer

IMG_20170506_131717La persona está bien, se le nota: hay en ella generosidad, constancia, confianza, goza en el apostolado, acepta sus limitaciones en paz, persevera en paz…

Bajo sus formas diversas, ¿qué elementos comunes aparecen en las consolaciones?

Su carácter dinámico, fuerza, impulso.

Siempre lleva a compromiso evangélico mayor y a buscar las cosas espirituales.

No es mero sentimiento placentero y superficial, pues tal sentiIMG_20160928_091736.jpgmiento no resistiría las pruebas.Es una especie de sincronía de la vida afectiva con Dios presente en nosotros “…es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad [330].

Es manifestación de nuestra radical orientación hacia Dios.

Señala un camino que conduce fuera de nosotros mismos.

La consolación se interioriza: arrancando de lo sensible, evoluciona a consuelo espiritual.IMG-20160927-WA0041

Asimismo, comenzando violentas, después se hacen tranquilas.

Así, nuestro yo profundo se orienta hacia Dios. La consolación es un afecto que da fortaleza para servir a Dios. Es casi sinónimo de “devoción”, en cuanto facilidad para encontrar a Dios en todas las cosas. Hace soportables las dificultades. Impulsa a la acción. Señala una dirección, abre un camino. Es don del Espíritu. Dios nos “da” a elegir, repite constantemente Ignacio [2, 135, 146, 147, 157, 165], y de este modo, es Dios mismo quien elige y determina [1, 14, 145, 234] sirviéndose de nosotros.

 

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