LA DESOLACIÓN: Discernimiento

LA DESOLACIÓN

En toda vida espiritual hay lucha. En toda persona que quiere progresar se producen resistencias [317], frenos, dudas, miedos. Sobre esos estados de ánimo cabalga la desolación espiritual en la que actúa el mal espíritu.

¿Qué es la “desolación”?

despair-513529_640Situación personal caracterizada por una resistencia fuerte: desconfianza, oscuridad, disgusto, tristeza, sequedad o aridez, vacío, descontento, confusión, decaimiento…

¿Qué hacer en la desolación?

En tiempo de desolación no hacer mudanza [318]. No encerrarse en sí mismo, no saborear la tristeza, ahondar en la fe.

 

Reaccionar vigorosamente [319].

images (6)Poner los medios para salir de la desolación: medios adecuados a cada persona. A unos les vendrá bien insistir en la oración, penitencia, examen; a otros moverse, hacer ejercicio físico, descansar, distraerse, salir de sí mismo…

Mantenerse en la paciencia y en la fe [320-321]. Ir más allá de lo sensible. Hacer del obstáculo un medio. La lucha consiste en sacar bien del mal.

La gracia no se siente, pero está. Dios está y eso basta. “Nada te turbe… la paciencia todo lo alcanza, sólo Dios basta”. La gracia sigue actuando. Dios nos dará su luz…

blogger-image--1678778849¿Se puede tomar la desolación como signo de Dios?

La desolación es signo de una resistencia. Lo primero es objetivarla. Ignacio recomienda volver a ella y decirla; enfrentarla, confrontarla, ver de dónde procede, qué la pudo causar, que obstáculo interior (debilidad, inquietud) la suscita…

¿Toda desolación viene del mal espíritu?

Hay casos en que la lucha no hace nada, incluso aumenta el mal. Caso de depresivos: desolación por causas psíquicas. El mal espíritu actúa para desanimar más. Asumir el temperamento como es y convertirlo en medio para ir a Dios.

3.2.2. La consolación

Es lo opuesto a la desolación. Se expresa como (sinónimos): confianza, visita de Dios, edificación, bendición, encuentro con Dios, devoción, sentimiento espiritual, alegría interior, gozo, gusto por las cosas espirituales, perseverancia, amor sentido, reciedumbre y constancia, ardor, fuerza, reposo, magnanimidad en las dificultades, “leticia” interna, contento, dulzura, deseo de crecer en la vida espiritual y apostólica, toque de Dios, buen propósito, humildad amorosa….

 

Unas veces es abundante y otras escasa: muy consolado, con grande consuelo, fuerte impulso espiritual… Crece o disminuye.

 

Distinguimos dos formas básicamente: intensa o crecida y ordinaria o estable.

 

Intensa [316] leer

Es el polo opuesto de la oscuridad (desolación) y de la moción a cosas bajas.

Puede ir acompañada de ilustraciones o inspiraciones. Por lo general, conocimiento y gusto van juntos.

Puede producir lágrimas: de contrición, de amor al Señor en su pasión, de devoción intensa. Ojo que no provienen de la amargura del corazón.

 

Ordinaria [316] leer

La persona está bien, se le nota: hay en ella generosidad, constancia, confianza, goza en el apostolado, acepta sus limitaciones en paz, persevera en paz…

 

Bajo sus formas diversas, ¿qué elementos comunes aparecen en las consolaciones?

Su carácter dinámico, fuerza, impulso.

Siempre lleva a compromiso evangélico mayor y a buscar las cosas espirituales.

No es mero sentimiento placentero y superficial, pues tal sentimiento no resistiría las pruebas.

Es una especie de sincronía de la vida afectiva con Dios presente en nosotros

“…es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad [330].

Es manifestación de nuestra radical orientación hacia Dios.

Señala un camino que conduce fuera de nosotros mismos.

La consolación se interioriza: arrancando de lo sensible, evoluciona a consuelo espiritual.

Asimismo, comenzando violentas, después se hacen tranquilas.

 

Así, nuestro yo profundo se orienta hacia Dios. La consolación es un afecto que da fortaleza para servir a Dios. Es casi sinónimo de “devoción”, en cuanto facilidad para encontrar a Dios en todas las cosas. Hace soportables las dificultades. Impulsa a la acción. Señala una dirección, abre un camino. Es don del Espíritu. Dios nos “da” a elegir, repite constantemente Ignacio [2, 135, 146, 147, 157, 165], y de este modo, es Dios mismo quien elige y determina [1, 14, 145, 234] sirviéndose de nosotros.

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