CRECIMIENTO PERSONAL Y COMPROMISO SOCIAL

“vivir en coherencia consigo y con la mayor plenitud posible -de acuerdo con quien se es de fondo- y, desde ahí, afrontar las dificultades -entre las que aparecerá, sin duda, la propia tendencia a la “instalación” cómoda-, para desplegarse en un eficaz actuar social.”

Qué implican los procesos de Formación en nuestra Plataforma Coraje? Primero creo que no implica hacer experimentos con las personas, sino se trata de inspirar de manera responsable el trabajo que se quiere hacer desde un proceso previo que involucra a todos lo que de alguna manera tratamos de ser colaboradores en la Misión.

En este sentido tratamos de mirar más allá de nuestra espiritualidad ignaciana para asimilar lo que se siente vivir en las fronteras con desafíos permanentes. Dios quiere que nuestra plataforma Coraje sea inspiradora para que las personas sientan el alivio de Dios. De ahí que nuestro trabajo Pastoral en  nuestra Iglesia necesita hacerse cada vez más de Dios, más de su Evangelio. Nuestro ser colaboradores en la Misión sólo tiene sentido desde esta perspectiva.

Los sellos o las improntas son entendibles siempre y cuando no desvirtúen lo que Dios quiere desde el discernimiento cuya fuente y luz emana de la relación con el Señor Jesús y sus deseos. Nosotros somos colaboradores en la Misión del Señor, no somos dueños y propietarios de este don que Dios nos ha concedido. 

Todo esto tiene relación con lo espiritual, con la salvedad que los seres humanos no tenemos dos vidas, sino una; o sea ésta que te permite leer y a mí, comunicarme contigo desde este blog.   Hay muchas personas que creen que tenemos dos vidas, una espiritual y otra natural,  no!   es una la que Dios nos dio y la que parió nuestra madre.

Que importante es que las personas que trabajan en la actividad pastoral entiendan y asimilen esta verdad que cae de madura y que influye en nuestro quehacer pastoral que se alimenta desde una formación que trata de ser acompañada y discernida y en esas estamos; por ejemplo, actualmente en este año 2017 continuamos participando  de varias temáticas de formación, y este año en concreto participamos de un curso muy interesante que nos permite reflexionar nuestro desarrollo como personas y que nos motiva a darnos íntegros en nuestras tareas cotidianas al servicio de los que Dios desea.  Se trata en definitiva de un tipo de formación que nos lleve a saber situarnos en la vida cotidiana. 

Enrique Martinez Lozano, uno de los ponentes de este curso nos advierte de manera lúcida lo siguiente: “Una de las objeciones más frecuentes que se suele hacer a cualquier proceso de formación personal es que encierra a la persona en un narcisismo, que la lleva a vivirse egocentrada, únicamente preocupada por ella misma (y “su” crecimiento).  

Es cierto que este riesgo existe. Se puede constatar un modo de vivir la formación en el que la persona está interminablemente “girando sobre sí misma”; donde escasamente se tiene en cuenta la realidad exterior; donde la formación se convierte en un refugio, en un “calmante” de malestares o incluso en un pretexto para satisfacer el propio orgullo neurótico… En definitiva, más que para crecer en solidez, calidad de relaciones y despliegue hacia los otros, se usa para un “sí mismo” infecundo y estéril, sin salida a la vida.

Se ha perdido, entonces, el objetivo de la formación, y el objetivo de la vida: llegar a ser uno mismo, es decir, vivir en coherencia consigo y con la mayor plenitud posible -de acuerdo con quien se es de fondo- y, desde ahí, afrontar las dificultades -entre las que aparecerá, sin duda, la propia tendencia a la “instalación” cómoda-, para desplegarse en un eficaz actuar social.

Ese riesgo acecha tanto más cuanto la persona -en un afán legítimo de sentirse bien- puede llegar a creer -inconscientemente- que “crecer” significa “estar bien sensiblemente”. Cuando eso se da, no es extraño que se estanque en aquella búsqueda de “estar bien”, esperando que la formación le proporcione ese estado en el que nada se mueve a nivel sensible…, en lugar de ser más ella misma, en las diferentes circunstancias que le presente la vida.

En esta perspectiva, es normal que la formación personal se desvirtúe de contenido, entretenga y empobrezca a la persona, aumentando el riesgo de que se instale en una actitud individualista e infantil…, justamente lo contrario de lo que cualquier “formación personal”, que merezca ese nombre, pretende conseguir.” 

En conclusión, como colaboradores en la Misión del Señor , la formación que recibimos no da prevendas ni certificaciones. Nuestra única motivación es el Señor Jesús que nos invita a caminar con él en las entrañas de este frontera. De ahí que el crecimiento personal es muy importante. Se trata de convivir en la realidad Social no con “comida chatarra” sino con ese alimento que nos lleve a tener una mirada limpia y así desplegarnos en lo social.

 

 

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