DISCERNIMIENTO EN COMÚN -VIDA Y MISIÓN – PREFERENCIAS APOSTÓLICAS

SOBRE EL DISCERNIMIENTO EN COMÚN:

Haga clic en el enlace  Verás una serie de presentaciones:   

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IMG_20170523_193831Contenidos para sentir y gustar internamente sobre lo que implica aprender a considerar el discernimiento en común.  Qué se espera? Se espera comprender la Misión de la Compañía. Esta implica contribuir a la reconciliación y a escoger aquellas preferencias apostólicas universales para este momento en el Mundo.

Se espera reflexionar y asumir otros desafíos; por ejemplo: El Constituirnos como cuerpo eclesial; lo importante que es profundizar en el diálogo con las culturas y religiones; además de promover una cultura a la salvaguarda de niños, jóvenes y personas vulnerables.

Para este tarea se pide conocer, reflexionar y orar la experiencia de los primeros compañeros jesuitas en Venecia.

El resultado es el Discernimiento en común que lleva a una planificación apostólica. No puedes haber ningún tipo de planificación sin discernimiento.

Finalmente; conviene conocer las propiedades del discernimiento en común…

SI DESEA ENTERARSE DEL DOCUMENTO ORIGINAL SOBRE EL DISCERNIMIENTO EN COMÚN HAGA CLIC EN EL SIGUIENTE ENLACE:  https://drive.google.com/file/d/1Hz0CLmCpQKqJ0Wl2WiwL0stRb4XARNoq/view?usp=sharing

VIDA Y MISIÓN: MISIÓN Y VIDA: DOS ELEMENTOS INSEPARABLES  

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VIDA Y MISIÓN: MISIÓN Y VIDA: DOS ELEMENTOS INSEPARABLES

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NUESTRA VIDA ES MISIÓN…NUESTRA MISIÓN ES LA VIDA

PUEDE LEER EL TEXTO SOBRE MISIÓN Y VIDA

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Nuestra vida es misión, la misión es nuestra vida   2017/08   

Queridos Hermanos en el Señor:  La Compañía de Jesús se encuentra en el fecundo proceso de asimilar y poner en práctica los frutos del discernimiento de la Congregación General 36ª. Ha sido para nosotros una inmensa gracia y un vigoroso aliento para el camino. Escribo esta carta con el propósito de invitar a cada uno de los miembros de la Compañía de Jesús, a cada comunidad jesuita y cada obra apostólica a volver a considerar, a modo de repetición ignaciana, el don recibido a través de la Congregación General 36ª.

La familiaridad con sus decretos se logra a través de la oración personal, el intercambio en las comunidades y obras, junto con quienes compartimos la misión. Invito a los Superiores Mayores, Superiores de Comunidades y Directores de Obra a promover espacios de oración, intercambio y discernimiento a partir de los resultados de la Congregación General que puedan ser compartidos a nivel de las Provincias y Conferencias Regionales.

Nuestra vida es misión

Desde su etapa de preparación, al reflexionar sobre las llamadas que siente la Compañía en la actual situación del mundo y de la Iglesia, la Congregación General resaltó la íntima unión existente entre nuestra vida y la misión a la que somos enviados, junto a tantas otras personas, como servidores de la alegría del evangelio.

Vida y misión son inseparables para quien elige seguir a Jesucristo en la Compañía de Jesús al servicio de la Iglesia. De un lado, nos sabemos un cuerpo frágil formado por pecadores perdonados y enviados a contribuir a la misión reconciliadora de Jesucristo. De otro lado, vivimos como peregrinos, buscando sacar el mayor provecho de las tensiones que provienen de la misión en contextos complejos y cambiantes.

La imagen de los primeros compañeros durante su permanencia en Venecia inspira esa íntima unidad entre vida y misión. Ignacio y cada uno de estos primeros jesuitas habían experimentado una radical conversión en sus vidas. El amor a Jesucristo como único motivo para asumir este estilo de vida, en pobreza evangélica y cercanos a los pobres, la disponibilidad para ser enviados en misión y el estar juntos en comunidad de discernimiento y compromiso apostólico son los rasgos fundamentales de un cambio en sus vidas que hizo posible la fundación de la Compañía de Jesús.

La conversión personal es una dimensión necesaria de la vida en misión. Es la reconciliación interior a la que nos invitó el P. General Adolfo Nicolás en su respuesta a las cartas ex-oficio del 20144. Conversión5 que permite recuperar la libertad interior que nos hace plenamente disponibles. Conversión por la cual nos apoyamos solo en nuestro Creador y Señor, como nos pide el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, haciéndonos indiferentes y solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.

La conversión comunitaria es también una exigencia de la unidad que existe entre vida y misión. La CG 35 nos recordó que la comunidad es en sí misma misión7. Vivimos juntos porque hemos sido llamados a ser compañeros de Jesús precisamente para compartir su vida y misión.

Nuestra vida común de amigos en el Señor nace y se nutre de la Eucaristía celebrada en memoria de Jesús. Memoria que no es recuerdo sino actualización sacramental de su presencia real entre nosotros y alimento en el camino. La comunidad cristiana siempre ha hecho memoria de los procesos salvíficos por los cuales, Dios ha ido liberando a los pueblos de sus esclavitudes para hacerlo Pueblo de Dios. En verdad, no hacer memoria, o perderla, nos lleva a recaer en la opresión, el odio, la esclavitud, la idolatría.

Al celebrar la Eucaristía hacemos memoria de Jesucristo, muerto por todos para el perdón de los pecados y resucitado para confirmar que es el camino, la verdad y la vida. En la Eucaristía encontramos el aliento y el alimento de la comunidad capaz de reconciliarse y discernir su vida-misión10. Renovar nuestras celebraciones eucarísticas comunitarias forma parte del llamado a la conversión que nos hace la Congregación General 36ª.

La llamada a la conversión de nuestra vida comunitaria abarca más dimensiones. La Compañía de Jesús, desde su origen, es un cuerpo que reúne personas de diversas culturas unidas por un mismo carisma; un cuerpo extendido en muchos lugares y en diálogo con una gran variedad de culturas. La misión de la Compañía lleva a la inculturación del evangelio en esos ambientes tan diversos en los que está presente y exige de nosotros un permanente proceso de conversión. Es así como, de un lado, cada jesuita realiza un complejo proceso de inculturación del evangelio en su propia cultura que le supone conversión personal. Y, de otro lado, nuestras comunidades, formadas por personas de culturas diversas que comparten la misión en sociedades multiculturales, son una oportunidad privilegiada de vivir la enriquecedora experiencia de la interculturalidad como testimonio de una humanidad reconciliada.

Acercarnos a los pobres y a su estilo de vida es una de las más exigentes dimensiones de la conversión a la que somos llamados11. La cercanía a los pobres nos pone en sintonía con lo esencial del evangelio, con la realidad de la vida y con lo que de verdad da vida. No hay recetas para acercarnos a los pobres ni excusas para no hacerlo. La mayoría de nuestras sociedades está integrada por gentes pobres. Nos corresponde a nosotros encontrar el modo de acercarnos a ellos al estilo de la encarnación de Dios en Jesús de Nazareth. Un camino que nos lleva a crecer en solidaridad, en el compromiso con quienes están desprotegidos y, en consecuencia, adquirir la cultura de la hospitalidad.

Tomarnos en serio la contribución a la reconciliación con la creación como dimensión de nuestra misión-vida es sin duda un desafío para nuestra vida personal y comunitaria. También nosotros estamos llamados a cambiar en aquellos aspectos de nuestra vida en los que hemos asimilado hábitos de consumo e instrumentos de trabajo que no benefician el medio ambiente y fortalecen el modelo socio-económico, que el Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si’, considera una amenaza para la vida en nuestra “casa común” que es el planeta tierra.

Convertir nuestras comunidades en espacios de conversación espiritual y de discernimiento en común14 es el reto propuesto por la Congregación General 36ª. La conversación espiritual debería ser el modo habitual de intercambio entre nosotros en las comunidades y con otros en las obras apostólicas. Es el nivel de intercambio que prepara para el discernimiento en común que aspiramos se convierta en el modo normal de tomar decisiones en la vida-misión de la Compañía de Jesús. Discernimiento en común capaz de escuchar también a otros que comparten los procesos de humanización de la historia.

Tanto o más exigente que las transformaciones mencionadas es la conversión institucional a la que también estamos llamados. Ser consistentes y coherentes con nuestra vida-misión nos conduce también a revisar nuestro modo de organizarnos y a examinar nuestras instituciones. El gobierno de la Compañía es personal, espiritual y apostólico15  recuerda la Congregación General 36ª. Por consiguiente, la conversión personal, comunitaria y apostólica implica también una revisión de las estructuras institucionales que permita adaptarlas a las nuevas exigencias de la misión en los tiempos que vivimos.

La misión es nuestra vida

¿Cómo podemos tomar parte en el gran ministerio de la reconciliación que nos ha sido encomendado?16  Buscar y hallar el mejor modo posible de contribuir hoy a la acción reconciliadora del Señor es la materia de discernimiento que pone la Congregación General

36ª al cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús. Es una invitación a profundizar el significado del ministerio de la reconciliación como característica del carisma de la Compañía de Jesús en sintonía con la lectura paulina de la redención del género humano. En su carta a la Compañía sobre la Reconciliación el P. Nicolás sugirió preguntas que siguen siendo inspiradoras de nuestro discernimiento: ¿Dónde está Dios sufriendo hoy en el  2Cor 5,18-21.6,1: Todo viene de Dios, que nos reconcilió con Él, por medio de Cristo, y nos confío el ministerio de la reconciliación. Pues, Dios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo, no teniendo en cuentas sus pecados y haciéndonos a nosotros depositarios de la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortase por nosotros. En nombre de Cristo: reconcíliense con Dios. Siendo, pues, colaboradores los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios.

Recogiendo las llamadas18, percibidas por todas y cada una de las unidades apostólicas de la Compañía, y siguiendo el impulso del Espíritu a la Compañía reunida en Congregación General, nuestra mirada se dirige a Cristo crucificado en los crucificados de hoy. Una mirada que, como la de la Trinidad, se convierte en acción amorosa encarnada en el servicio que busca la liberación de tales cruces y, en consecuencia, nos dispone a una renovación apostólica basada en la Esperanza19, capaz de incidir efectivamente en la vida humana, sobre todo en la de aquellos que son pobres, indefensos y más pequeños.

Mirando a Jesús que sana, libera y entrega su vida entera al anuncio de la Buena Noticia nos disponemos como sus compañeros a discernir en común nuestra mejor participación en su obra21. Reconocemos, sin embargo, que para ello tenemos la necesidad de comprender lo mejor posible el mundo en el que vivimos para acertar con nuestra mejor contribución a su reconciliación en las tres inseparables dimensiones propuestas por las Congregaciones Generales 35ª y 36ª: reconciliación con Dios, con los seres humanos y con la creación22. Tendremos ocasión de profundizar en las múltiples implicaciones de la reconciliación por la cual nos proponemos contribuir a la construcción de puentes que acerquen a personas y pueblos, promoviendo la cultura del diálogo interreligioso e intercultural, impulsando la superación de la pobreza, la polarización ideológica y la violencia que obstaculizan la política como responsabilidad compartida por el Bien Común, la justicia y la paz.

Para responder según el modo nuestro de proceder a estos desafíos apostólicos necesitamos la profundidad espiritual fruto de la conversión que nos abre a la gracia del Señor y la profundidad intelectual que nos permite ir más allá de las apariencias y ayuda a encontrar otras posibilidades de vida digna para todos los seres humanos.

La Congregación General 36ª, además, nos insiste en que en la Missio Dei de la reconciliación participan otras muchas personas, grupos y organizaciones que apuestan por la humanización de la historia. No estamos solos ni pretendemos obrar solos. Por tanto, la colaboración con otros23, también invitados a participar en la misión de Cristo, caracteriza nuestro modo apostólico de proceder. Colaborar con otros encuentra en el trabajo en red un instrumento efectivo para hacer un mejor uso de los recursos a nuestro alcance, siempre insuficientes y para proyectar más ampliamente el servicio de nuestras instituciones apostólicas.

La conversión personal e institucional, que nos lleva a adquirir profundidad espiritual e intelectual y nos capacita para el discernimiento en común, desemboca en una planificación

La seguridad y protección de los menores ocupa sólo un párrafo, pero fue fruto de un valioso proceso de oración, reflexión y discernimiento que llevó a la Congregación General 36ª a incluirlo entre los asuntos confiados al P. General,  dada  la  vulnerabilidad de  estos  “pequeños”  y  la  responsabilidad que  se  desprende  de  nuestros apostolados.

por la que se multiplica la colaboración entre nosotros y con otros, el trabajo en red25 y se evalúa constantemente nuestra contribución a la misión compartida. El crecimiento de la colaboración entre nosotros hará desaparecer las divisiones artificiales entre unos apostolados o sectores apostólicos y otros, profundizando la conciencia de participar en una única misión. El cuerpo apostólico se hace, entonces, más flexible, capaz de responder con más rapidez a las crecientes y cambiantes exigencias del servicio a la misión reconciliadora del Señor.

La Curia General, justamente durante estos meses, ha iniciado el proceso de renovación que le ha pedido la Congregación General 36ª en función de un mejor servicio a la misión. Estamos empeñados, también nosotros, en mejorar las condiciones para el discernimiento en común, formular el plan apostólico de la Curia General, profundizar la revisión de las estructuras y procesos del gobierno central para atender sistemáticamente las recomendaciones y asuntos encomendados por la CG. Es así como, además de buscar las condiciones para ser una comunidad de discernimiento, el Consejo Ampliado del P. General26 inició la preparación del discernimiento sobre las preferencias apostólicas solicitado por la Congregación General

36ª, con una amplia participación del cuerpo apostólico, que haremos conocer en su debido momento.

El deseo de ser puestos con su Hijo

Siguiendo el ejemplo de San Ignacio, podemos concluir poniendo en manos de la Virgen María nuestro deseo profundo de ser puestos con su Hijo. Hagamos nuestro el coloquio al que nos invitó el Papa Francisco:

Le pedimos a Nuestra Señora de la Strada, en un coloquio filial o como de un siervo con su Señora, que interceda por nosotros ante el “Padre de las misericordias y Dios de toda consolación” (2Cor 1,3), para que nos ponga siempre nuevamente con su Hijo, con Jesús, que carga y nos invita a cargar con Él la cruz del mundo. Confiamos a Ella nuestro “modo de proceder”, para que sea eclesial, inculturado, pobre, servicial, libre de toda ambición mundana. Le pedimos a nuestra Madre que encamine y acompañe a cada jesuita junto con la porción del pueblo fiel de Dios al que ha sido enviado, por estos caminos de la consolación, de la compasión y del discernimiento.

DOCUMENTO SOBRE LAS PREFERENCIAS APOSTÓLICAS:  Haga clic en el siguiente enlace:   https://drive.google.com/file/d/1Y76lss-caeQwdRN0b9t0d3uO4kNN-Mbp/view?usp=sharing

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