P. Carlos Cardó S.J.

I Domingo de Cuaresma – Mc 1, 12-15

Las Tentaciones de Jesús en el desierto  Carlos Cardó SJ

No cabe duda de que Jesús fue tentado en su realidad humana. No fue aparentemente tentado -como afirmaron algunos herejes-, sino de verdad y a lo largo de su vida, empezando por el tiempo que pasó en el desierto. Quiso someterse libremente a la tentación para estar cerca de los que son tentados.

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Fue llevado por el Espíritu al desierto. En nuestra existencia, todos atravesamos por desiertos: son las crisis inevitables de toda vida humana. Y aunque la palabra crisis mueve a temor, no hay por qué verla como catástrofe. Enfrentada y sostenida por la fe, una crisis puede ser fuente de nuevas posibilidades, de consolidación de nuestra personalidad en humildad, aunque, de hecho, siempre produzca algún desequilibrio. Pero es ineludible pasar por la prueba que purifica el corazón humano del afán de posesión y de dominio, es decir, de lo que nos aleja de los verdaderos valores que muestra Jesús en el evangelio. desierto-2En el desierto, Satanás tentó a Jesús, nos dice Marcos. Satanás (palabra aramea) significa “el que acusa”, “el que divide”, el “adversario”. Crea división entre Dios y nosotros, rompe la unidad que debe haber entre las personas y nos deja solos. Nos hace caer y nos acusa. En el “Fausto” de Goethe el espíritu diabólico se presenta como aquel que “siempre se niega” y que busca destruir lo que es y lo que está por nacer. Promueve desorden y ruptura en la creación. Las relaciones humanas se rompen. Y por eso, el No que destruye y el Sí que crea siempre están en lucha, uno contra otro.

Los cuarenta días no hay que entenderlos en sentido cronológico. Hacen referencia a los cuarenta años que pasaron los israelitas en el desierto (Dt 8,2.4), y simbolizan toda una generación, un período de experiencia particularmente intensa y decisiva.

maxresdefault¿En qué consistió la tentación de Jesús? Satanás tienta a Jesús en la forma de realizar su vocación mesiánica de salvar al mundo: no conforme a la voluntad de Dios, es decir, por el camino de un Mesías Siervo que redime con la solidaridad, la verdad, el servicio y el amor que le llevará hasta “dar la vida por todos” (10,45) muriendo en la cruz, sino “como piensan los hombres”, es decir, por el camino de un Mesías poderoso que domina y somete. Fue una tentación que acosó a Jesús a lo largo de su vida; le vino una veces de parte de los poderosos de este mundo, otras veces de parte de sus propios discípulos como Pedro, que intentó disuadir a su Maestro de subir a Jerusalén donde iba a ser crucificado y recibió de Jesús una severa reprensión: Apártate de mí Satanás -le dijo Jesús-, tú piensas como los hombres no como Dios”. Llegada la hora de la pasión, esta tentación alcanzará su intensidad suprema, que le obligará a decir: Padre, todo te es posible: Aparta de mí este cáliz (14,36).

Podríamos decir que la tentación de Jesús es la de toda persona que pretende ser hijo o hija de Dios pero viviendo a su manera; tentación de pensar como los hombres y no como Dios. Es el mal que actúa en el corazón del ser humano desde Adán.

no-nos-dejes-caerLa corta narración de Marcos concluye con una enigmática constatación: vivía entre las fieras (en convivencia pacífica) y los ángeles le servían. Se puede ver aquí una referencia implícita a Adán que, antes de pecar, vivía entre los animales, en comunión con la creación entera, sin temer ningún peligro (Gn 2,20)Jesús, viene a inaugurar los tiempos nuevos, a restablecer la armonía que había en el principio. Jesús enfrenta al mal y lo vence, dando origen al hombre nuevo, que vive en armonía consigo mismo, con sus semejantes, con la naturaleza y con Dios. Este Mesías, que atraviesa los desiertos del hombre, se revela como el Hijo, a cuyo servicio están los ángeles.

RV13176_ArticoloSuperada la prueba, Jesús inicia su predicación, proclamando la instauración del reinado de Dios. Anunciado por los profetas, el reinado de Dios, consiste en el cambio del corazón del hombre, en la transformación de toda situación de injusticia y en el cumplimiento de la esperanza. El reinado de Dios trae consigo la transformación plena de este mundo. Para acogerlo hay que convertirse: Conviértanse –dice Jesús- y crean en la Buena Noticia. Se trata de un cambio en el comportamiento personal y también en la actuación pública. La conversión a la que Jesús invita no se reduce a unas cuantas prácticas de piedad y penitencia: es la vida entera puesta al servicio del Señor y de los demás. Es acoger libre y responsablemente la Buena Noticia anunciada por Jesús. Y lo definitivo en la buena noticia de Jesús es que el ser humano alcanza su plenitud, cuando sale de sí mismo y se deja modelar por el amor divino. Nuestro compromiso en esta cuaresma lo podríamos sintetizar así: hacer con mi vida creíble el evangelio.

 

Segundo Domingo de Adviento (Ciclo B) Marcos 1, 1-8 

La buena noticia de Jesús –  Jesús es el evangelio

Carlos Cardó, SJ

images (1)Las primeras palabras del evangelio de Marcos pueden verse como el título de la obra: “Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios”; pero hay mucho más en ellas. Formulan una síntesis de la buena noticia de Jesucristo, que los capítulos siguientes irán desarrollando. En esa breve frase está el significado sustancial de la vida de Jesús y de su predicación. Se señala la actitud de fe con que debemos escuchar esa Buena Noticia y el itinerario que debemos recorrer para conocer cada vez más a Jesús y seguirlo.

slide_1Marcos llama a Jesús “el Hijo de Dios”, con ello afirma que Dios se ha manifestado en él, que Dios está en él, que procede de Dios como un hijo procede de su padre. Lo designa al mismo tiempo como el Cristo, es decir, como el Mesías, ungido por Dios para traer al mundo el anuncio gozoso de que en él la misericordia divina alcanza a los pecadores, lleva a cumplimiento la esperanza y da sentido a la vida. El evangelio es Jesús. Él es el sujeto, el protagonista de la buena noticia y, al mismo tiempo, el objeto o contenido de la misma.

images (2)Marcos nos transmite la fórmula de fe más antigua que circuló entre los primeros cristianos y que consistió en unir como un solo apelativo los sustantivos Jesús y Cristo. No la pronunciaban como dos palabras, un nombre y un atributo, sino como un solo término, de modo que el nombre Jesús pasó a connotar Cristo y viceversa. Herederos de esa tradición, los cristianos hacemos nuestra esa misma fe y confesamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Con ello aceptamos que Dios se nos ha comunicado total y definitivamente en Jesús de Nazaret, un hombre entre los hombres. Dios, por tanto, no está fuera de nuestra existencia. Sin dejar de ser Dios, ha querido formar parte de nuestra realidad humana, entrar en el tiempo, en la historia, con un cuerpo como el nuestro en este mundo. Manifestado en Jesús, Dios se ha hecho Dios-con-nosotros, se ha unido para siempre con nuestra naturaleza humana y ya no nos abandona nunca. Está, por tanto, en el interior de las situaciones en que nos encontremos.

vida-cotidianaEn esto consiste el evangelio, esta es la buena noticia. Dios no habita en un imaginario “más allá”, donde se nos escapa y adonde podemos evadirnos. Dios no está en competencia con nosotros para quitarnos nada; ni tenemos que negar nada de lo humano para afirmarlo y servirlo, excepto el pecado –el mal moral– que nos deshumaniza. Dios ha asumido verdaderamente todo lo humano. En Jesucristo se unen la esfera humana y la divina. Por eso, creer en un Dios que no tiene que ver con nuestra realidad humana plena, corporal y espiritual, personal y social, es el origen de toda alienación religiosa. Así como pensar en un ser humano capaz de prescindir de Dios en cualquier esfera de la vida, es la raíz de toda concepción idolátrica de la persona y del mundo. Separado de sus semejantes, uno no es humano, y es ateo práctico que rechaza a Dios. Ateísmo, en efecto, no es sólo negar teóricamente la existencia de Dios. Niega a Dios quien no ama. Esto es central en el cristianismo: desde el momento en que Dios, al hacerse hombre en Jesús nos hace hijos e hijas suyos, y por tanto hermanos, al amarnos entre nosotros le amamos a él. La fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, lleva a superar todo dualismo.

imagesJesús es llamado Cristo, es decir, el Mesías que Israel esperaba, y que había sido prometido a toda la humanidad por boca de los profetas: Mira, yo envío mi mensajero delante de ti para preparar tu camino (Malaquías, 3,1). En Jesús la promesa se hace realidad.

Los versículos restantes hablan de la preparación de la venida de Jesús por parte de Juan Bautista. Él anuncia la irrupción ya cercana del Reino de Dios, señala al que ha de venir y remite a sus oyentes a la actuación del Mesías que ya está en medio de su pueblo. Un mundo viejo termina y uno nuevo está por nacer. Juan está en el umbral, señala la entrada que consiste en la conversión o cambio de mente y actitudes. La salvación requiere nuestra participación. Cuando uno escucha el evangelio, toma conciencia de la situación en que se encuentra y procura cambiarla.

Que la buena noticia de Jesús se convierta en la orientación fundamental de nuestra vida. Y que realicemos nuestro peregrinaje de Adviento hacia su próxima venida mostrando la humildad y entrega de que nos dio ejemplo su precursor Juan Bautist

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