PRESUPUESTOS DEL DISCERNIMIENTO

“La Gloria de Dios es que el hombre viva” San Ireneo de Lyon  “No sabes lo que Dios puede hacer de ti  si te pones enteramente en sus manos” Ignacio de Loyola   “Cuando digo que me encontré con Dios,  lo que quiero decir es que me  encontré con Aquél que cuando  se encuentra no puede ser confundido  con ninguna otra cosa” Palabras de Ignacio a un jesuita de hoy. Karl Rahner

PRESUPUESTOS

  1. Dios se comunica.

El ser de Dios es relacional. Por ser Trinidad de personas, es relación, comunión, donación de sí. Dios crea al ser humano para comunicarse con él. La iniciativa de comunicación es de Dios. Él siempre esta disponible al encuentro, al diálogo; siempre está dispuesto a recibirnos y a compartirnos su vida. El discernimiento ayuda a mostrarnos de nuestra parte disponibles a la comunicación con Dios.

Dios hizo al ser humano capaz de comunicarse con él.

Creada a imagen de Dios, la persona humana es el único ser creado a quien el Dios personal interpela, busca, se comunica. Ser imagen de Dios es tener la capacidad de ser interlocutor de Dios, escucharlo y responderle. Nuestra relación con él es posible porque nos dio un corazón que está en sintonía con su corazón, nos dio inteligencia como la de él, nos dotó de voluntad, libertad, capacidad de amar y ser amados.

El sentido de la vida humana se expresa en el amor.

Conocemos el amor porque Dios nos amó primero. “Envió Dios a su Hijo único a este mundo para darnos la vida por medio de Él. Así se manifestó el amor de Dios entre nosotros. No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero…” (1Jn 4,9-10).

Por eso, Jesús nos dejó un único mandamiento: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. En ese mandamiento lo incluyó todo. Si amamos verdaderamente, estamos en el camino de nuestra realización plena (liberación, salvación, plenitud). La pregunta clave es, por consiguiente: ¿yo cristiano, hoy y aquí, cómo puedo vivir plena y efectivamente el amor? El cristiano deberá discernir de entre todas las posibilidades que tiene cuál es la que más le conduce a vivir el amor. Cotidianamente se ha de preguntar ¿qué hacer y cómo?, ¿qué actitudes tomar, cuáles evitar? Así encuentra su camino de realización humana y cristiana.

Dios manifiesta a la persona humana su voluntad.

La voluntad de Dios es que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn 10,10). Dios no quiere otra cosa que nuestra realización plena, que todos vivamos, aquí y ahora, lo más plenamente posible. Buscar su voluntad es pues buscar nuestra plenitud. Dios, nuestro Padre, nunca nos propondrá nada que vaya en contra de nuestra integridad ni de nuestra dignidad.  “Quien con obediencia a Cristo busca ante todo el reino de Dios, encuentra en éste un amor más fuerte y más puro para ayudar a todos sus hermanos y para realizar la obra de justicia bajo la inspiración de la caridad.” (Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et spes, 72) 

Jesucristo revela en qué consiste la realización de la persona.

La clave de la vida cristiana es conocer a Jesús para más amarlo y seguirlo. Conocer sus sentimientos, sus pensamientos, deseos, proyectos,  esperanzas, preocupaciones… Conocerlo significa ir sintonizando con él: “Como hijos amadísimos de Dios, esfuércense por imitarlo, sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo que los amó a ustedes” (Ef 5,1). 

Libres para amar, libres para servir.

Dios nos hizo libres. Dios no se impone. Jesucristo llama, invita. Él no obliga a seguir su plan, su proyecto, su voluntad. Invita y propone pero jamás se impone sobre nosotros. Dios respeta nuestra libertad y por eso es necesario discernir porque la vida, la realidad está llena de posibilidades unas buenas, otras mejores para vivir en plenitud; por eso se hace necesario elegir y optar por la mejor, la que más nos posibilite esa vida plena para mí y los demás. 

La libertad es un proceso, nunca está acabada.

No perfectos sino perfectibles. Vivimos en un proceso de integración, de liberación, de salvación. Y esto implica liberarnos de aquello que nos estorbe o esclavice, liberarnos de aquello que nos obstaculiza el vivir radicalmente el amor. Esta liberación implica esfuerzo, lucha. Debemos luchar contra las influencias externas que nos desvían del camino; y luchar contra nuestras propias tendencias contrarias al amor. Dios nos hizo buenos, pero tenemos limitaciones y contradicciones. Nuestra vida es un campo donde combaten luz y oscuridad, gracia y pecado, vida y muerte. No se puede afirmar que todos nuestros deseos, impulsos, criterios… son todos y siempre contrarios a Dios; ni que todos nuestros deseos, impulsos, criterios nos llevan siempre a Dios. El discernimiento –ejercicio de libertad- nos hace atentos y críticos, para descubrir cuáles son los deseos, impulsos, criterios que nos acercan y cuáles nos alejan del amor de Dios.

Crecer en libertad es también crecer en unidad interior, desarrollando en armonía todas las dimensiones de nuestro ser. El ser personal se expresa y realiza en un conjunto de dimensiones: física-biológica, psicológica racional, psicológica afectiva, social y espiritual. Todas han de estar orientadas según el plan de Dios. 

Las cosas buenas creadas por Dios ayudan a responder a Dios.

Todo lo creado por Dios, es bueno. Necesitamos lo que Dios nos dio para vivir. Todo puede ayudar a vivir la voluntad de Dios. Pero en cada situación concreta debemos elegir en cada situación concreta aquello que nos ayude a vivir en plenitud el mandamiento del amor, la voluntad de Dios.

Para elegir es necesario hacerse libre frente a las distintas posibilidades que se presentan y medios que se ofrecen.

En leguaje ignaciano esto es hacerse “indiferente”, libre frente a todo lo creado para poder optar por lo que más nos convenga para hacer la voluntad de Dios. “Ustedes, hermanos, fueron llamados para gozar la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne; más bien háganse esclavos unos de otros por amor…” (Gál 5,13).

  1.  Y mantener la apertura al más, al mejor servicio, la mayor gloria.

El seguimiento de Jesús hace vivir una dinámica de continuo crecimiento. Porque DIOS ES SIEMPRE MAYOR, el ser humano (imagen suya) está hecho para progresar, crecer y perfeccionarse en todos los niveles de su existencia. La medida de la plenitud es Cristo (Ef  4, 13). “Más” es la medida sin medida del amor.  Amar es amar más. “La medida del amor a Dios es amarlo sin medida” (San Agustín). La virtud no está en el “término medio” sino en el mayor amor, la mayor gloria, el mayor servicio.