TALLER: Segunda sesión

MÉTODO IGNACIANO DE ORACIÓN

  •   Uso de  la memoria para recordar
  •   La inteligencia para entender la materia y aplicármela a mi vida
  •   La voluntad para desear, pedir, agradecer, amar, adorar

La memoria ha representado las etapas de la historia de la salvación realizadas por Cristo (“acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos”); la inteligencia, profundizando, detallando, analizando, también ha contemplado, deteniéndose donde ha gustado de la verdad. Simplifica y se hace más capaz de Dios. Este movimiento de interiorización ha provocado sensaciones, afectos, sentimientos, que atraen a la voluntad para tomar una opción, no fría sino profundamente sentida y razonada. Del saber al sabor, del sabor al sentir, del sentir al decidir. Es la línea profunda de la meditación ignaciana: conocimiento interno para amar y seguirle.

USO DE LAS TRES POTENCIAS

  1. Entro en la oración

Oración preparatoria: EE:46: [46] Oración. La oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad. Rom 12, 1.2

 Trato de entrar en paz a esta experiencia y trato de buscar paz dentro de mí: Hoy ha llegado el tiempo de callar para orar: Eclesiastés 3, 7

  • 1Rys 19, 12
  • respiro lentamente;
  • pienso que voy a encontrarme con el Señor; es más
    • él está tocando a mi puerta: Apc 3, 20, se invita a   mi propia casa   Lc 19, 2-10
  • le pido perdón por mis ofensas y perdono a quienes me han ofendido
  1. ME PONGO EN LA PRESENCIA DE DIOS, me hago presente ante el

Señor: Lc 11, 1

  • hago la señal de la cruz lentamente;
  • por espacio de un Padrenuestro siento cómo me mira Dios;
  • hago un gesto de reverencia;

Comienzo la oración de rodillas o en la postura que me mejor me ayude, pidiendo al Padre, por medio de su Hijo Jesucristo, me dé su Espíritu Santo, para que mi deseo y mi voluntad, mi inteligencia y mi memoria se ordenen solamente hacia su servicio y alabanza

   2. Composición del lugar

Imagino el lugar en donde se desarrolla la escena que voy a considerar. Veamos el texto de Lucas 4, 18-19

¿En dónde dijo Jesús esto?

¿Cómo estaba la Sinagoga? Et

3. Petición de lo que deseo obtener

        “Le pido a Jesús conocerlo más para más amarlo y seguirle”      

PUNTOS: Medito o contemplo la materia de la oración

MI MEDITACIÓN SERÁ A PARTIR DEL TEXTO DE Lc 4, 16-19

– leo lentamente el texto, punto por punto;

– sabiendo que es el Señor quien me habla en cada palabra;

+ usando la memoria para recordar;

+ la inteligencia para entender la materia y aplicármela a mi vida;

+ la voluntad para desear, pedir, agradecer, amar, adorar. .

Nota: No debo ir de prisa, no se trata de ver toda la materia;

es más importante sentir y gustar internamente; me detendré ahí donde encuentro fruto, inspiración, paz y consolación; cuando hable directamente con el Señor, asumiré una actitud de mayor  reverencia.

¿Qué me dice este texto acerca de la persona de Jesús?

¿Cuál es la Misión de Jesús?

¿Por qué anunciar la buena noticia a los pobres?

¿Qué me atrae más de su persona y de su misión?

¿Cómo me interpreta este texto a mí?

¿Tengo yo la misma misión de Jesús?

¿Cuáles son mis actitudes ante los pobres?

¿Qué efectos me surgen por Jesús y su Misión?

Esta lectura ¿Qué sentimientos estimuló en mi?

  1. Conclusión

– Termino la oración con un coloquio, conversando con el Señor, de amigo a amigo, sobre lo que he meditado;- y recito un Padrenuestro; – saliendo lentamente de la oración.

Nota. Después de la oración, examinaré brevemente cómo me ha ido:

– si seguí bien el método;

– si me fue mal, veré por qué;

– si me fue bien, anotaré los frutos que he sacado, las mociones espirituales que he sentido.

EXAMEN DE LA ORACIÓN

¿Cómo ha ido la preparación? ¿Qué sentimientos se han repetido más? ¿Qué ha salido más en el coloquio? ¿Qué aspecto de mi vida queda más afectado? Conviene tomar alguna nota y redactar una sencilla oración que exprese mi estado interior.

¿Qué sentimiento o actitud me ha impactado más? ¿Qué actitud de mi vida ha quedado conmovida? ¿Qué sentido he podido aplicar con más facilidad y cual me ha costado más? ¿Cómo ha ido la preparación? Y por todo ello dar gracias.

LA MEDITACIÓN IGNACIANA

La llamada “meditación con las tres potencias” (45) exige, como ambientación, la oración preparatoria. Sin ella la meditación podría reducirse a un estudio. El alma se eleva a Dios al principio, pide que todo lo que haga en el tiempo de la meditación se enderece a Dios. Se actualiza el Principio y Fundamento ap1icandolo al momento concreto de la meditación.

El ejercicio de las potencias necesita dos preámbu1os para que se pueda realizar útilmente. Primero se ha de controlar la imaginación. En este caso la táctica ignaciana no es una táctica negativa (evitar que moleste la imaginación, sino una táctica positiva: servirse de ella.

Mediante la “composición de lugar” le va suministrando imágenes que la atraigan y llenen (47). La imaginación reproduce una representación interna de la materia y va sugiriendo pensamientos y recuerdos.

El segundo preámbulo eleva el discurso a la región de la oración. Como un complemento de la oración preparatoria, se pide a Dios “lo que quiero y deseo” (48). Con esta “petición”, además de ayudarse psicológicamente con poner en primer plano el problema del momento, se crea el ansia de la oración, se tensa el espíritu polarizando las energías interiores en torno al centro de las preocupaciones.

Comienza entonces, propiamente hablando, el ejercicio de las tres potencies. Ignacio usa una palabra significativa: “traer”, “traer las tres potencias”; es decir, según uno de los sentidos de esta palabra en el s. XVI, aplicar las potencias para comprobar un discurso. No es, por tanto, un dejarse llevar espontáneamente del pensamiento, sino un ejercicio activo y consciente de las potencias.

Lambert Classen explica de este modo la dinámica de las potencias: “La presencia es paso a una espiritual penetración. Esta lleva a una interna conmoción y a un actuar según Dios. En la representación del objeto, percibimos a nuestro Señor y Creador; en el análisis y en la reflexión se va uno disponiendo a la obediencia, va formándose una recíproca afinidad entre la verdad, la acción de Dios y el corazón del hombre. Dios es el iniciador de esta recíproca conmoción, que va gradualmente madurando y perfeccionándose. En un método que se realiza conforme a la naturaleza de las cosas el Creador va a su criatura y después la criatura a su Creador. Se encuentran mutuamente Dios y el alma, un abismo llama a otro, el de la plenitud divina y el de la pobreza humana, el del amor divino que se prodiga y el amor humano que lo recibe en su corazón”.

La fuente central de le meditación radica en alguna verdad de fe, frase o hecho evangélico. Se aplican entonces las potencias del alma:

– la memoria para recordar la historia;

– el entendimiento para calar bien el sentido de la materia da la meditación, sirve para aplicarse a uno mismo la meditación;

– la voluntad, suscitando afectos, durante toda la meditación y, sobre todo, al final de la oración.

Termina con un coloquio que debe recorrer toda la oración. Lo importante no es sacar muchas ideas, sino sólo una o pocas, pero bien afianzadas.

La memoria ha representado las etapas de la historia de la salvación realizadas por Cristo (“acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos”); la inteligencia, profundizando, detallando, analizando, también ha contemplado, deteniéndose donde ha gustado de la verdad. Simplifica y se hace más capaz de Dios. Este movimiento de interiorización ha provocado sensaciones, afectos, sentimientos, que atraen a la voluntad para tomar una opción, no fría sino profundamente sentida y razonada. Del saber al sabor, del sabor al sentir, del sentir al decidir. Es la línea profunda de la meditación ignaciana: conocimiento interno para amar y seguirle.